La historia se viralizó rápidamente luego de que su madre la posteara en su perfil de Facebook.
La mujer relató que alrededor de 10 minutos antes de que aparecieran las “misteriosas” ronchas, la pequeña le pidió un marcador rojo.
Posteriormente le dijo a sus padres su autodiagnóstico y ellos notaron la mentira, sin embargo, le hicieron pensar que le creían y que deberían llevarla al doctor, donde probablemente le pondrían alguna inyección.
La menor reconoció que no era una enfermedad y presentó su prueba gramatical.
Sus padres tuvieron que escribir una carta al colegio para explicar que los puntitos rojos no eran contagiosos y que, aunque intentaron, no lograron eliminarlos del cuerpo de su ingeniosa hija.
Sus padres tuvieron que escribir una carta al colegio para explicar que los puntitos rojos no eran contagiosos y que, aunque intentaron, no lograron eliminarlos del cuerpo de su ingeniosa hija.
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